En el 25 Aniversario pedí a los alumnos que contestaran a dos simples preguntas donde ha quedado patente porqué somos Muchomasquedanza. Éstas fueron las respuestas de algunos de ellos, que muestran cómo, en su paso por nuestra escuela, la escuela también pasó por ellos.
¿Qué significa el ballet para mí?
La respuesta a esta pregunta es difícil de expresar con palabras. Para saber lo que se siente tienes que probarlo, por eso antes que nada, invito a todo el que quiera a que lo pruebe, pero advierto que si lo pruebas, engancha. Puedo decir que para mí el ballet ha significado mucho en mi vida. Es más que un simple hobby o una manera de hacer ejercicio. El ballet me ha enseñado a luchar por lo que quiero y a no rendirme sin intentarlo. Además de ser una forma de danza, es constancia, concentración, disciplina… es dar de ti todo «y más». Es decir, requiere una capacidad de esfuerzo por parte del que baila. No es solo tener condiciones para bailar, «sino querer bailar».

El ballet te enseña muchas cosas. A mi concretamente, aparte de lo que he ya he dicho, me ha aportado mucha seguridad en mi misma, y eso es lo que más valoro, que aunque todavía me falta mucho, prometo que antes era mucho peor. En mi boca estaban siempre las palabras «no puedo», incluso sin intentarlo. Yo sabía o pensaba que no me iba a salir. Poco a poco he ido eliminando esa negatividad porque me ha enseñado a ser fuerte y a pensar siempre que «si los demás pueden hacerlo, ¿porque no voy a poder yo?». Por eso, pienso que además de tener ventajas como corregir los problemas de espalda o de pies (si tu profesor está cualificado como la nuestra), de aportar buena higiene postural o simplemente aprender a bailar, divertirte y distraerte, te enseña a ser constante, a creer en ti y a no rendirte nunca. Como dije al principio, me cuesta explicar con palabras que es para mí, lo único que sé es que cuando bailo no pienso en nada, me siento libre, solo estamos la música y yo. Bailar es transmitir lo que sientes solo con tu cuerpo, sin sentirte juzgada por nada ni nadie y eso es lo que me gusta de bailar, además de todo lo que «me aporta de manera personal».

¿Qué significa nuestra escuela para mí?
Como alumna de esta escuela, pienso que ¡no pude tener más suerte que la de haber escogido ésta! Entré con 12 años, y mi mayor miedo en aquel momento era que se rieran de mí cuando no me saliera algo. Tengo 21 años y eso en esta escuela nunca ha sucedido. No he conocido otras escuelas, como algunas de mis compañeras que ya han pasado por varias, por tanto no puedo decir que por experiencia propia las otras sean diferentes, pero sí que puedo decir que como ésta, no existe otra igual. Es una escuela diferente, donde no solo se trabaja el ballet como tal, sino la disciplina, el respeto y sobre todo el compañerismo.
Y esto nos lo transmite nuestra profesora que a la par de tener muchísima paciencia, profesionalidad y estar muy cualificada, es muy cercana a sus alumnas, nos trata con mucho respeto y a todos como a iguales. Además de aprender ballet he aprendido muchas otras cosas, y sobre todo hemos formado un grupo con el que da gusto pasar las horas de ensayo, aunque nos quejemos del cansancio, de salir tarde algunas veces, de repetir y repetir lo mismo hasta que salga bien o casi perfecto, disfrutamos haciéndolo, nos divertimos y aprendemos. Al fin y al cabo, cuando termina el curso lo echamos de menos, para mí somos como una pequeña familia.
Bonitos recuerdos
Para mí la escuela es mucho más que lo que uno se imagina cuando oye esa palabra.
Pues, según el diccionario:
escuela.
- f. Establecimiento o institución donde se dan o se reciben ciertos tipos de instrucción.
Y aunque sea una definición totalmente válida para los lugares normales, no es aplicable al Centro de Danza Sandra Santa Cruz. Y esto es porque, si bien bailar es una parte muy importante de lo que pasa allí dentro, no lo es todo. Con Sandra he aprendido a no tener vergüenza, a dar lo mejor de mí en cada paso, que los compañeros son ese apoyo que busco cuando me caigo y, aunque sienta que las cosas no me salen bien, no hay que dejar de intentarlo porque al final, y cómo tantas veces nos has repetido “Sólo por pesado, el cuerpo te hace caso”.
No puedo evitar soltar una sonrisa trisfeliz (de esas que sonríes con emoción y nostalgia al mismo tiempo) cada vez que recuerdo el tiempo que he pasado allí, todos los buenos momentos que he vivido, la satisfacción personal de haber crecido no sólo como bailarín sino también como persona, las carcajadas por un millón de historias que contar, todas ellas únicas y que no podría haber vivido de otra manera. Es algo que no te acostumbras a dejar atrás y una parte de ti siempre tiene ganas de volver.

La escuela, el ambiente con los compañeros y tú, todo ello marca. Incluso a pesar de seguir bailando en otra escuela, siempre habrá una vocecita en mi cabeza que suene como tú diciendo “Estira la espalda, la rodilla hacia atrás, etc.” Y un millón de frases más que nos has dicho.
Lo único que puedo hacer es darte las gracias por propiciar que todo ello ocurra, por ser la clase de profesora que eres y con la calidad humana que tienes. Ojalá todo el mundo pudiera bailar contigo un tiempo para poder entender lo que digo.
Muchas gracias por todo.
¿Qué significa bailar?
Vida, pasión, diversión, distracción. Bailar me hace sentir viva, hace que el tiempo pase volando. Consigue que te evadas de tu vida cotidiana. También es la ilusión de hacer lo que me gusta, aunque me cueste, y tener esa ilusión es básico emocional y espiritualmente.
¿Y nuestra escuela?
Es un lugar lleno de bonitos recuerdos. Un refugio en el que siempre he encontrado las puertas abiertas y cada vez que he vuelto encuentro nuevas amistades. Un sitio lleno de magia y positivismo.
La ves tan bonita cuando llegas, tan bien puesta, la seño simpática y luego las alumnas con un buen compañerismo que pasa a formar parte de ti y contribuye a la ilusión espiritual.
Para mí...
Ballet es lo que hacía con mi prima cuando era muy pequeña. Cuando me ponía sus tutús y bailaba dando vueltas por todo el pasillo hasta marearme. Mi primera clase con una malla heredada, ir descubriendo los pasos, las normas, adentrándome poco a poco en una disciplina que hice mía, que convertí en un estilo de vida. Muchos años son los que he dedicado a esta pasión, MI pasión. He disfrutado, he aprendido, he reído y he llorado; y me ha tocado defenderla ante quien no la valora lo suficiente y ante quien no creyó que realmente valiera la pena.
Es sonreír un día de examen porque recuerdas, de pronto, que esa tarde tienes clase. Llegar a tu casa, seguir estudiando y parar un poco antes para peinarte «de verdad», hacerte un moño perfecto y elegir, de entre doscientas mallas, esa con la que mejor te sientes. No poder esperar a llegar al vestuario y vestirte en casa porque ese día quieres demostrarle al mundo que eres bailarina y que vas a bailar.

Ballet es probar en distintos sitios hasta encontrar aquel donde quieres quedarte, porque a lo mejor mi mala suerte fue no encontrar mi sitio desde el principio. Es un trabajo diario durante casi toda mi vida, aprendiendo a controlar mi cuerpo, a dominar los pasos, a ser capaz de luchar contra el desgaste y levantarme cada vez que caigo. Es encontrar, por fin, «tu casa».
Y es que, si hoy se cumplen los 25 años de este centro, yo cumplo diez años subida a los escenarios con Sandra Santa Cruz y doce desde aquel día en el que mi madre, siempre a mi lado, y mi prima, todo un referente para mí, me llevaron a ver una clase. Recuerdo que Sandra estaba muy sonriente explicando algo que en ese momento no entendí y las alumnas también parecían muy felices. Algo me dijo que este era mi sitio.
Así pues, aprendí a estudiar la danza con una perspectiva realista y saludable, mejorando desde la disciplina del cariño y el esfuerzo continuo.
Sin duda, ha sido durante estos doce años y en la Academia donde he vivido mis mejores momentos como bailarina y como persona. Desde aquel mayo en los Salesianos, donde Sandra me miró, me agarró la mano y me dijo «Disfruta, porque has trabajado mucho para llegar hasta aquí». En ese momento algo dentro de mí cambió, y sustituí los nervios poderío. Mi única razón cada vez que bailo, es hacer sentir lo maravilloso que es ser capaz de dominar pasos los pasos y expresar emociones, de trasladar al público una forma de vida tan increíble que no sé expresar con palabras, y aunque los cambios propios de la edad y los compromisos me hayan hecho plantearme la retirada, en mi corazón siempre se enciende una chispa de nostalgia y en mi mente una necesidad imperante de volver a vestir mallas y sentirme YO.
También es aquí donde he conocido a mis grandes amigas. Esas que haces en el vestuario, con las que disfrutas los ensayos y dedicas muchas horas de tu vida… porque cuando eres feliz las horas no pesan. Con las que he compartido camerinos, prisas y maquillajes; y, a las que un día, me di cuenta que entendía sólo con mirarlas… es algo tan especial que son pocas las personas con las que lo he sentido y soy tremendamente afortunada por seguir teniéndolas en mi vida. Nidia, Bea, Pao , Marta y Lorena. Mis niñas, mis bailarinas preferidas, mis compañeras de fatiga… mis amigas.
El Centro de Danza Sandra Santa Cruz forma parte de mi vida y me ha marcado casi desde la infancia. GRACIAS Sandra por enseñarme que, si quería, podía conseguirlo y por darme pautas durante estos años para lograrlo. Por hacerme partícipe de tus grandes proyectos, que me han hecho crecer, y por darme la oportunidad de conocer a gente tan maravillosa que ha ido dejando su huella en mi corazón y me ha enseñado a valorar las cosas y a disfrutar del momento.
Por mi parte, si de algo me siento particularmente orgullosa, es de haber cumplido mi sueño de poder subirme a un escenario, segura de mí misma, y vivir ese momento único. De disfrutar con cada ensayo y aprender a conseguir lo que me proponga con trabajo y entrega. Pero tengo claro que esto jamás hubiese sido posible sin el amor y el esfuerzo de mis PADRES que ha dedicado parte de su vida a se cómplices de este sueño.

Bailar, ¡a cualquier edad!
A mí siempre me ha gustado el ballet.
Desde pequeñita me quedaba mirando y, bueno, como no puedo ser en aquel momento, entonces, decidí empezar de mayor. Y me siento feliz, porque me ha servido muchísimo: para el cuerpo, para el alma, para el espíritu… Sobre todo por el cariño que siempre me dan en el Centro de Danza.
Un día le dije a Sandra que sé que el ballet y el ir a la academia son mi verdadera medicina, lo que hace que no necesite tomar otra. Y, desde hace tiempo, sé que alimenta todo mi ser, haciéndome sentir plena y feliz.
¡Muchísimas gracias a los cuatro por compartir sus reflexiones con nosotros! Es abrir de par en par la puerta de la escuela para permitir que todos, ¡entren dentro de nuestro mágico mundo! Ahora entenderán por qué invertimos tanto tiempo.
Me emociono cada vez que las leo. En Judith veo que la niña tímida que no creía en sí misma es ahora mismo una valiente luchadora, además de una preciosa bailarina. En Axel, cómo nuestra filosofía forma parte de su vida, le agradezco el valor que da a las vivencias en nuestro Centro. Con María del Mar comparto la magia de un sueño cumplido, ese, que te llena alma. De Miriam me quedo con sus propias palabras:
«En la Academia es donde he vivido mis mejores momentos como bailarina y como persona».
Opiniones como estas ratifican aún más que el camino elegido ¡es el que quiero continuar! Es un orgullo cumplir con creces los objetivos del Centro, transmitir valores al alumnado a través de la danza, y hacerlo ¡con todo mi cariño!