Te sorprenderá este artículo porque no suelo hablar de cosas personales en el blog, pero este año, ha sido una vorágine año. El 2023 ha sido bastante estresante a nivel laboral y he estado en “una burbuja”, al ver las noticias le dije a mi padre: ¡wow, cómo va el mundo! ¡Qué locura!
Sentí que estaba matándome por proteger un planeta del cual, cada día, hipotecan más su futuro. Contaminan la tierra que nos da de comer e intoxican los océanos que nos proporcionan además, oxígeno para respirar.
Quizás, quienes manejan los hilos del mundo en este momento atesoren tanto pensando en su futuro. Así podrán vivir en cárceles de oro, respirar ozono por mascarillas y conectarse a alguna máquina que les proporcione alimento artificial. Mientras, podrán buscar otro planeta donde volver a sentirse libres nuevamente al corretear por un parque o bañarse en el mar. El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, de ahí la importancia de llevar cordura a descerebrados que solo piensan en sí mismos sin valorar que vivimos en un planeta muy frágil, en el cual seguirá habitando su descendencia.
Luz en la oscuridad
Y pensando en toda la locura que veía ante mis ojos, de pronto, me vino a la cabeza esta preciosa poesía de mi padre que tanto me ha hecho pensar:
No me quieras con locura, que de un loco,¡nada espero! Teje tu amor de cordura y quiéreme,¡como te quiero!
Y sin proponérmelo esto generó en mí el aluvión de reflexiones que comparto a continuación en homenaje al hombre más generoso y desprendido que he conocido en mi vida y cuya palabra vale más que una firma, ¡mi padre! Estoy segura de que si gobernasen personas con sus principios, ¡viviríamos en un mundo muchísimo mejor!
Hambre de aprender
Mi padre es el campeón de la resiliencia sin conocer siquiera qué significaba. Se forjó así mismo al quedarse sin padre a los 6 años. Por decisión propia se convirtió en el cabeza de familia cuando vio a su madre limpiar de rodillas el piso de casa de su tía… y proteger también a su único hermano, al cual adora. Abandonó el colegio a los 13 años para llevar el sustento a su casa, aunque decidió acabar sus estudios por Radio Ecca al tener a sus hijos, para ayudarlos con sus deberes.
Afortunadamente, a pesar del duro comienzo, su exigente profesión se convierte en una pasión y conocer otras culturas le hace crecer como persona e ir muy por delante de una sociedad donde las mujeres dependíamos de los hombres. Pertenece a una generación que tenía que estudiar en la escuela de hostelería e ir escalando puestos para convertirse en maître d’hôtel. Su personalidad y humildad no le hicieron olvidar su inicio como botones (aún recuerda la propina de Christopher Lee), y conservar su esencia al alcanzar su meta.
Según sus propias palabras, era un niño lleno «de hambre de aprender» que curioseaba las cosas diferentes que, a diario, veía a través de muchos de sus clientes. Esto avivó su interés por conocer el extranjero y la posibilidad de comparar el estilo de vida de España con el de Europa.
La autosuficiencia como meta
Este fascinante mundo influyen en él forjando su personalidad. Se convierte en un hombre de férreos principios que da muchísimo valor a “la palabra” y que ve en la cultura, una herramienta necesaria para ser autosuficiente. Toda su vida ha buscado «no depender de nadie», algo que transmite en casa hasta la saciedad a pesar de nuestra independencia. A día de hoy, ¡aún insiste en ello!
Mi padre se enamoró de la gentileza de los caballeros que atendía. Le cautivó el vestuario elegante, pero alegre, de las señoras que teniendo la edad de su madre, ¡no vestían de negro! E incluso, iban maquilladas y peinadas de peluquería. Se sorprendía al ver fumar a las señoras, y a señores que, con naturalidad, encendían primero el cigarrillo de las damas que el suyo. Observaba el diálogo amigable entre personas que no se conocían y disfrutaba del intercambio amable de parejas de baile, en vez de los enfrentamientos de los machos castizos de su sociedad, porque alguien simplemente, miraba a «su mujer». ¿Cómo no gustarle lo que veía? Aprendió cinco idiomas para poder comunicarse y ofrecer lo mejor a sus clientes y para descubrir todo lo que podía sobre otras culturas, que cada día, le parecían más interesantes.
Mis hermanos y yo nos hemos criado bajo la libertad y el respeto. Tratando a los demás como queríamos ser tratados, y con el convencimiento de ser capaces de superar cualquier obstáculo que se presente, si nos esforzamos en ello. Hasta ser adulta no he sido consciente de la suerte que he tenido, ni de la seguridad que esto me ha proporcionado. En mi niñez anhelaba «su día libre» lleno de aventuras, y en mi adolescencia, pesaba tanto las ganas de hablar con él, que a veces, mi madre me dejaba esperarlo hasta las doce de la noche para contarle mis cosas, tan solo, porque él me proporcionaba una visión bien diferente a la del resto.
El destino
Una de cal y otra de arena… De repente, cambió su película, y las frías nubes grises dieron paso a un radiante sol brillante.
El destino hizo que mi madre se cruzase en su camino y que, casualmente, esa despampanante, elegante y preciosa chica tuviese tiempo para esperarlo a que guardase su reluciente y querida bicicleta, cosa bastante atípica al tener que cuidar, a todas horas, de sus siete hermanos.
Y de unos ojos que ven «otro mundo», a otros, que lee novelas a escondidas porque leer, según su madre, ¡era una pérdida de tiempo! Llevar a su novia a la ópera en 1960, ¡fue una batalla perdida! Eso no estaba bien visto, daba mala reputación. Había que ir al cine, ¡como todo el mundo! Tristemente, esta fue la reacción de mi abuela en una sociedad inculta, que pensaba que la ópera era el cabaret y en la que importaba ante todo, el qué dirán. Y mi padre, orgulloso con sus dos entradas, gracias a sus excelentes notas del conservatorio, ¡no pudo llevarla al teatro! 💔
Y en este caso, se cumple la famosa frase: detrás de un gran hombre, ¡hay una grandísima mujer! Mi madre es tan dulce que no hay niño que se le resista, sabe cómo calmarlos y no se debe al cuidado de tanto niño. Su acuno trasmite paz y sus abrazos amor y muchísima ternura. Es excesivamente responsable y trabajadora, y también, muy ordenada y meticulosa. Pero a la vez, es lista y sabe adaptarse rápidamente a las circunstancias. Es divertida y pícara y tiene bastante sentido del humor, lo cual dio color a la vida de mi padre. La espontaneidad es otro de sus puntos fuertes, y además, le apasiona cantar y tiene una voz preciosa. ¿Cómo no lo iba a enamorar?
Mi hogar
Hasta llegar al instituto pensé que todos los hogares eran iguales. Que en las casas había paz y se vivía en armonía. Siempre he adorado a mis padres, pero cuando descubrí la suerte que tenía de haber nacido en nuestra casa, ¡empecé realmente a valorarlos!
En 58 años, ¡nunca ha existido en casa un problema entre hermanos! Nuestras desavenencias han sido: que mi hermano con seis años se enfadaba con nosotras y se llevaba sus juguetes porque no éramos tan cuidadosas como él, y, en la adolescencia de mi hermana, cuando me molestaba que usase mi ropa sin permiso porque no la cuidaba como yo.
Mi madre es verdadera pasión por mi padre. Y puro amor y abnegación por su familia. Ha sido el motor de casa pues mi padre trabajaba doce horas diarias cuando no habían festivos… Juntos nos han proporcionarnos una infancia mágica, cuando ambos carecieron de ella. Forman un tándem que nos ha permitido vivir en absoluta felicidad.

Nunca hemos necesitado nada que no tuviésemos, más bien todo lo contrario. Lo cierto es que siempre me he sentido una privilegiada. Mi mundo, a todos los niveles, ha sido color de rosa gracias al sacrificio de mis padres.
Mi padre renunció a su pasión por amor
La música es la pasión frustrada de mi padre. Su amor por la guitarra le acompaña desde que tiene uso de razón. Tiene fotografías tocando la guitarra en las que incluso, ¡era más pequeño que ellal! Su guitarra ha marcado también nuestras vidas, regalándonos momentos cómplices llenos de felicidad. Siendo muy pequeñita mi padre me metía entre él y su guitarra mientras tocaba para que pudiese sentir sus vibraciones. No me cabe la menor duda de que esto despertó en mí un vínculo especial por la música. Por muy cansada que esté, la buena música hace que mi cuerpo reaccione inmediatamente y quiera ponerse bailar… A mis hermanos les sucede algo similar, es imposible para nosotros permanecer impasivos al escuchar una buena guitarra.
Imagino lo que sentiría mi madre en cada una de las serenatas que le regalaba, en complicidad con varios de sus amigos. El coro de sus voces y el sonido de sus guitarras alegraban la noche no solo a ella, aunque seguro que sus corazones, sí que latían con mayor emoción.
Me apena ser la causante de que abandonase su sueño de ser compositor, y de que renunciase a su amado conservatorio, donde estudiaba becado por tener matrículas de honor. Por experiencia sé lo duro que hay que trabajar para conseguir sus notas, pues los tres estudiamos piano en el Conservatorio Superior de Música.
A día de hoy, mi sobrina es la que estudia y toca nuestro piano, lo cual me resta culpabilidad por el sacrifico que supuso su compra. Mi hermano, que tiene oído absoluto, lo utiliza como válvula de escape al poder tocar las melodías que le gustan. Me encanta escucharlo porque me hace regresar a una preciosa niñez.
Tu música nos enamora
Su pasión por la música ha llegado incluso a mi Centro de Danza. Nuestro alumnado ha podido beneficiarse de composiciones inéditas como «Mi Gato» y ha tenido el privilegio de que se contara con él para crear canciones como «Mis cinco deditos«.
Me alegra, por lo menos, que gracias a la labor del Centro se conozcan algunas de sus obras, y haber desarrollado su idea de «El cuento de la abuelita» hasta convertirlo en un programa de concienciación para proteger el mundo marino. Quién nos iba a decir en 2016 que “Si los peces hablaran…» llegaría a tener entidad propia y que se transformaría en diversos formatos para seguir sensibilizando a otros niveles. Me encantaría hacer lo mismo con su ópera «Galileo». Espero que ver algunas de sus obras en escena, aunque no sea lo mismo, hayan compensado su sacrificio.
Por mi parte, hay momentos que nunca olvidaré. Recuerdo con especial cariño la sesión que compartimos con Predanza I ajustando «Mis cinco deditos». “Ota vez, Sandra, ota vez”, decía Verónica continuamente. Ver sus caritas de interés viéndolo tocar su guitarra me recordó cuando éramos pequeños, y sus aplausos emocionados, a los de mi hermana. Fue, ¡súper emocionante! ❤️

La poesía, el arma de seducción de mi padre
Siempre me ha fascinado la capacidad creativa de mi padre, probablemente, mi vena artística se nutra de aquí, aunque la suya abarca muchas más facetas. A él le es indiferente componer la melodía, que la letra de una canción; un poema, que un relato. Ha compuesto más de treinta letras y músicas de canciones, más de quince melodías para guitarra, más de quince poemas y varios relatos y cuentos, la gran mayoría inéditas. Su última obra es el libreto de una ópera, «Galileo», a la cual le ha dedicado varios años de su vida, ¡es increíble! Al igual que la música de la misma, que ha sido compuesta por Juan R. Barrionuevo, conocido y querido también, por nuestro alumnado.
No tiene temas preferidos ni parcelas tabúes. Pero lo cierto, es que, sobre todo en su juventud, la poesía ha supuesto en su vida una vía de canalizar sus emociones y las letras de sus canciones un canal de comunicación.
Algunos de los poemas y las canciones que ha escrito a mi madre, realmente enamoran. En contraposición, los que ha escrito para mí, en concreto para mis peques, son súper divertidas. Cualquier emoción, situación o una conversación, pueden ser buena fuente de inspiración.

El origen de su poesía
La palabra «locura» dio pie a la poesía que recordé al comienzo de este post.
No me quieras con locura, que de un loco, ¡nada espero!
Teje tu amor de cordura y quiéreme, ¡como te quiero!
«No me quieras con locura» la escribió cuando tenía veinte años, tras una conversación con una amiga que acababa de dejar al «novio ideal» porque le había dicho que «la quería con locura» y ella, no quería amar a nadie que estuviese loco.
Aprovecho para dar las gracias a Ethel Bartrán por su fotografía de la cabecera que nos venía al pelo para este artículo.
La madre y el padre, pilar de valores
La familia y el profesorado somos responsables de transmitir a las nuevas generaciones los valores de la sociedad, pero el núcleo familiar, es el pilar. Y lo dice alguien que una de las máximas de su escuela es, transmitir valores a través de la danza.
Escribo este post en reconocimiento a todo lo que mis padres nos han regalado sin ser material:

A su interés en que los tres fuésemos independientes. Por su insistencia en que tomásemos nuestras propias decisiones y que no permitiésemos que nadie, nos manipulase. A su perseverancia en dar valor al esfuerzo para tener recompensa. Por tanta paciencia para enseñarnos que nosotros, somos quien decide ver el vaso medio lleno, en vez de medio vacío. Por tantísimos buenos consejos que han marcado mi vida y la de mis hermanos, y que yo, comparto con cariño con quienes me rodean.
Porque me niego a quedarme con una sensación de caos, en vez de poner coherencia y amor, que es lo que aprendí desde muy pequeña.
Publico este post en una fecha que favorece a la cordialidad y los buenos deseos, pues no existe nada mejor que compartir amor y porque creo que es importante decirle a las personas que queremos y/o que valoramos, cuánto nos importan, cuando pueden escucharnos.
¡Mil gracias a los dos por tantísimo amor en nombre de los tres, porque aquí se reflejan también algunos de los diálogos con mis hemanos! ❤️❤️❤️