Bruce Springsteen… es mucho Bruce!

¿Qué es eso de la edad?. Desbordó energía ante un vibrante Santiago Bernabéu que por momentos rugía. Gritos de “Bruce, Bruce, Bruce… ” y las letras de sus canciones fueron el coro de Springsteen y su fantástica The E Street Band.

Interpretó, bailó, cantó, estrechó manos, saltó, corrió hasta las gradas para acercarse más a su público, incluso, hasta tocó el piano con su cabeza. Pero sobre todo, el Boss ¡¡lo disfrutó!!.

Fue una experiencia increíble en todos los aspectos; el ambiente, la multitud, la amalgama de edades, la respuesta del público, el orgullo de sus fans y el ritual de llevar puesta una de sus camisetas y como no, su perseverancia. Para algunos no era el primer concierto de esta gira, otros hacían planes para los siguientes. Un grupo considerable, buscaba autógrafos como posesos… uno incluso, se había tatuado la firma que Bruce le había hecho aquella misma mañana.

La locura desbordante por tocar al roquero, se sincronizaba con la actitud de su ídolo en devolverles una sonrisa, darles la mano, sacar a alguno a bailar o subir a un niño a cantar con ellos, el cual continuó la canción donde Bruce había parado sin temblarle la voz ante 60.000 personas.

Momentos emotivos hubieron muchos, pero sobre todo dos en los que brindó homenaje a su amigo Clarence, quien desde el recuerdo volvió a tocar su saxo y a Nacho, fan que desgraciadamente dejó su entrada pendiente indefinidamente…

El concierto más largo de su carrera con 3 horas y 48 minutos, ha sido mi primero; lo que realmente me sorprendió no fue su duración, sino su dinamismo y lo que transmite, su cara lo dice todo. Las canciones se enlazaban fusionando los acordes, convirtiendo los finales en principios de las siguientes. Esta fue la tónica del concierto, rompiéndose sólo para recordar a Clarence y a Nacho.

Incluso el saludo fue trepidante. Después de saludar, cantó 10 minutos más e hizo el bis del saludo que duró otros 10, acabándolo en el suelo extasiado y diciéndole a su público totalmente volcado (quien pedía que no acabase), que no podía más. Realmente sí que pudo, ni más ni menos que con el “Shaking a baby” y guardó energía aún para felicitar personalmente a cada miembro de su banda.

Creo que si nos dedicáramos a lo que nos apasiona, se evitaría que muchas personas fuesen a “cumplir un horario de trabajo” que es lo que hacen por no desarrollarse en aquello que les gusta. En estos momentos donde cada día se descubren más casos ilógicos de falta de principios, corrupciones, estafas, etc., es un gustazo ver a una persona dándolo todo y esforzarse en su trabajo casi hasta desfallecer. Gracias no sólo por tu música Bruce, sino por tu ejemplo.

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