Archivo diario: 23 noviembre, 2013

El Ruido

Hemos analizado varios de los requisitos ambientales que necesita el aula de danza: música, intimidad, orden, limpieza y nos falta sólo la luminosidad. Como profesora considero que es necesario añadir otro bastante importante: el ruido.

Para sacar partido a una clase se necesita concentración, por lo que es necesario que exista silencio. A nadie se le ocurriría ponerse a estudiar en mitad de la calle  o hablar en una biblioteca, no podríamos. Este símil identifica perfectamente las condiciones que necesitamos en una clase de danza para poder aprovecharla.

Quiero especificar que no me refiero exclusivamente al que se produce dentro de la clase.  Aunque se trabaje a puertas cerradas, también nos distrae el ruido fuera del aula. Las risas del alumnado en los vestuarios, las voces altas, el llanto de un bebé que espera en recepción, el del tráfico si las escuelas están a pie de calle, etc. En definitiva, al generado por el trasiego de personas que se encuentren en el centro durante las clases y dependiendo de la ubicación, el de su alrededor.

Aunque cada nivel tiene unos objetivos concretos y un plan de estudio específico, en todos, es necesario pensar simultáneamente en varias cosas para controlar los ejercicios. Por lo que hay que prestar mucha atención a las reacciones que nos  ofrece nuestro cuerpo a velocidad milimétrica.

La danza además de exigir condiciones físicas conocidas por la gran mayoría,  requiere  también de memoria sensorial y velocidad de reacción. El bailarín tiene que concentrarse al máximo, aspecto que se verá favorecido con la ausencia de ruido.

Exactamente la misma importancia le concedo a las clases con los más pequeños. No comparto que se dé por sentado que por tratarse de niños de corta edad, no se pueda trabajar en silencio. Es más, mi experiencia me ha enseñado que a los niños les impresiona más que les hables susurrándoles que levantando la voz, ya que por desgracia en su día a día están más acostumbrados a lo segundo.

En mi modesta opinión, creo que si una clase no sabe comportarse es porque el profesor no define claramente desde el principio que es un aula de danza, como tienen que comportarse los bailarines y cuales son los objetivos del aprendizaje. Cuanto antes mejor, ya que estos factores nos afectan a todos.

Como anécdota, les comento que en el espectáculo de Con mis mejores deseos, había una parte conjunta con dos grupos de Predanza, llegando a coincidir 30 niños cuyas edades oscilaban entre tres y siete años.  Una alergia me dejó sin voz en uno de los ensayos y aunque  les cueste creerlo, trabajamos sin ningún tipo de problema. ¡Realmente fue increíble!.

Y el próximo y último post formativo del aula de danza será: La luminosidad.