Archivo diario: 29 junio, 2011

El piso

Su importancia no radica tanto en su necesidad para bailar, como en el peligro que supone para el sistema músculo esquelético hacerlo en un suelo inapropiado.

Igual que un ciclista de mountain bike utiliza un tipo de ruedas específicas para su bicicleta, un corredor analiza minuciosamente sus zapatillas: cámara de aire, peso o agarre, un saltador de trampolín precisa de una profundidad en la piscina, un bailarín necesita un suelo que no sea nocivo para su salud.

Todos hemos bailado alguna vez en el piso de casa y no ha pasado nada. El problema está cuando comenzamos a saltar o utilizamos zapatillas de puntas. Exponemos a nuestro cuerpo a los estragos producidos en la caída de los saltos y la bajada de las puntas, por lo que necesitamos que el suelo sea flexible.

Cuando empecé a bailar en Las Palmas de Gran Canaria carecíamos de aulas de danza adecuadas. Mi generación ha saltado en suelos rígidos, incluso ha bailado en puntas sobre el cemento de ilustres plazas de nuestros municipios. De ahí que algunos se hayan operado incluso hasta de meniscos, entre otros problemas. Por desgracia para nosotros, el desconocimiento en anatomía era total y absoluto.

La danza ha evolucionado muchísimo y gracias a ello, se han realizado cantidad de estudios para prevenir lesiones. En el “Festival Internacional Madrid en Danza”, el Dr. Boni Rietveld, cirujano ortopedista dedicado exclusivamente a operar a bailarines y músicos de toda Europa y el Dr. Juan Bosco, profesor de anatomía humana en la Universidad de Alcalá de Henares, expusieron distintos aspectos sobre las lesiones en el mundo de la danza y las posibles medidas de prevención. El Dr. Juan Bosco, investigador especializado en esta materia en España, ahondó en este campo porque una lesión truncó el futuro profesional de una bailarina muy especial para él,  “su hermana”.

El piso del aula debe ser de madera, no sólo por la calidez que nos aporta sino por lo que se esconde, “la amortiguación”. No confundir esto con las tarimas flotantes (usadas en casas, comercios, etc.), que lo único que tienen es una manta de polietileno, encargada de separar el pavimento del laminado y cuya misión es evitar la condensación de humedad y reducir el ruido de las pisadas.

Lo realmente importante son los elastómeros sobre los que se coloca unos rastreles o láminas de madera, éstos tienen flexibilidad y retornan a su posición original una vez deja de aplicarse presión sobre ellos. Dependiendo del material, pueden comprimirse de un 5% a un 700%. Por lo tanto, cuidado ya que un suelo excesivamente flexible también acarreará problemas, no podemos bailar en un trampolín; así que otro factor relevante para que el suelo absorba el impacto correctamente por todo el recinto, es la cantidad y colocación de los elastómeros por metro cuadrado. Esta es la única garantía para amortiguar el impacto en la recepción de los saltos, evitándose así las lesiones.

Harlequin, inventor del tapiz de danza, buscando reducir el enorme esfuerzo de mantenimiento que requieren los suelos de madera, así como facilitar el problema de flexibilidad, se ha convertido en el líder mundial. Su gama completa incluye tapices fáciles de instalar, con sistemas de suelos  fijos y portátiles.

Por desgracia cuando llegamos a una sala de baile el piso ya está colocado y no lo podemos levantar para observar si es el adecuado. No obstante, si queréis comprobar si reune los requisitos necesarios, os recomiendo que saltéis. Si el piso bota con vosotros, tiene cámara de aire, si por el contrario es rígido y no cede, no es correcto y os haréis daño al bailar.

Para que puedan verlo, éste es el de nuestra escuela durante su montaje.

No podemos obviar tampoco la importancia de las dimensiones del aula. Las medidas mínima de una sala de baile deben ser de 8×5 m. El espacio debe ser diáfano, sin limitar la visión del profesor, así como el trabajo de las diagonales en las clases.

En el próximo post abordaremos el tema de los espejos.

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